Por Eddy Kuhl

Esta anécdota me la refirió el mismo protagonista cuando le di un “raid” de Matagalpa a Managua en 1967. Se trata del octogenario  Carlos Hayn Goldberg  (1885-1979). La historia es asi:

Carlos Hayn era natural de Stuttgart, Alemania, pero  trabajaba en Milan, para la firma Mercantil de Ultramar.

En 1907 esta compañía le pidió que viniera a colaborar en su sucursal en Matagalpa, Nicaragua.  Don Carlos,  entonces un joven soltero de 22 años de edad, aceptó la oferta y se embarcó en Génova en el vapor Provence con rumbo a ese misterioso país Nicaragua.

El transatlántico pasó por Barcelona y Gibraltar, Lisboa, tocó los puertos de Cherbourg  y  Havre en Francia, Southampton en Inglaterra, lugares donde abordó pasajeros, después se enrumbó hacia Nueva York, una vez allí  los pasajeros tuvieron la oportunidad de bajar y pasear en la gran ciudad por dos días, después tomó otro vapor rumbo sur llegando al puerto de Colón en Panamá.

En ese tiempo no habían terminado la construcción del canal, pues la compañía francesa de Fernando Lesseps que lo estaba construyendo había fracasado, entonces Francia vendió sus derechos a Estados Unidos, este país continuó los trabajos del canal hasta su apertura en 1914.

Contaba don Carlos que en Colón tomaron un tren que los llevó a través del istmo hasta  Ciudad Panamá en la costa del Pacifico, donde se embarcaron de nuevo pero ahora en un vapor mas pequeño, hacia el norte ya en el Océano Pacífico.

Como la travesía en barco de Italia a Nicaragua tomaba dos meses de duración, él quien era un hombre muy disciplinado, se dedicó a estudiar el idioma español desde que salió el barco de Génova.

Entre los pasajeros que  habían abordado en España y Francia habían algunos que  hablaban castellano, entonces don Carlos se puso a practicar su incipiente español con varios de ellos, pero hubo uno en particular que se había embarcado en Cherbourg, Francia, que se mostró más cariñoso y colaborador, le enseño nuevas palabras, su pronunciacion  y se ofreció corregir sus lecciones. Durante el resto del trayecto don Carlos  visitó a menudo a este misterioso pasajero.

Refería que su voluntarioso profesor se sentaba enfrente de una mesita en la cubierta del barco debajo de un techito de lona. Allí con lápiz y papel ilustrado amigo se dedicaba a escribir notas en un cuaderno, cuando él llegaba suspendía sus anotaciones y comenzaba a ayudarle con sus clases, le enseñó un buen lenguaje lo cual él agradece  hasta estos días.

De Colon cruzaron en ferrocarril a Ciudad Panamá, ya en Pacifico el vapor enrumbo hacia el norte, en Puntarenas  bajaron y subieron pasajeros, el próximo puerto sería en Nicaragua, arrimó al fin el barco a Corinto, don Carlos se despidió de su amigo y le agradeció su ayuda, su espontaneo profesor también venía hacia Nicaragua, pero se dirigía a una ciudad llamada León, mientras él su destino era una ciudad al interior: Matagalpa,  entonces empezaron a prepararse para desembarcar.                                

Su profesor le había bridado su nombre durante el viaje e invito a venir a Leon, don Carlos pensó que si todos los nicaragüenses eran así, se sentiría muy bien en su nuevo país

Don Carlos recordaba que le menciono el nombre del pequeño pueblo donde nacio.  Luego yo pense que se pudo haber referrido a Metapa, y que tambien a decirle don Carlos que su destino era Matagalpa,  habra recordado a Ruben del “Hombre de Matagalpa” al cual se refiere con admiracion en su libro “Viaje a Nicaragua” 

.Cuando llegaron al puerto de Corinto,  notó un gran movimiento de gente y autoridades en la plazoleta frente al desembarcadero, estudiantes de escuela uniformados, bandas de música, y  funcionarios  locales que llegaban a recibir a un personaje que venía  a Nicaragua en ese barco.

Entonces empezó a escudriñar y preguntar si llegaba en el vapor algún Jefe de Estado, Embajador  o Político….

Cuál fue su sorpresa al ver que el centro de atracción en el puente de desembarque era su amigo de viaje, aquel que le había enseñado lecciones de español, se trataba de su profesor transatlántico, quien le había dicho llamarse simplemente: Rubén Darío.